Agrobiodiversidad 

Se ha indicado que la biodiversidad contribuye a la productividad, sostenibilidad y estabilidad de los sistemas agrícolas independientemente del nivel de complejidad de éstos (Kessler, 2008); por otro lado, hay preocupación mundial por su pérdida acelerada (Firbank, 2005), y se ha predicho una extensión importante de especies hacia el año 2050 como secuela de los cambios en el clima y en el uso de la tierra (Jenkins, 2003; Thomas et al., 2004). 

La agrobiodiversidad hace referencia a todas las especies de vegetales, animales, y microorganismos que se utilizan directa o indirectamente en la producción de alimentos. 

Para conservar estos recursos genéticos se han practicado 2 formas: conservación in situ y conservación ex-situ. 

La primera y más antigua hace referencia a la conservación de las especies en sus hábitats naturales,conservación de los ecosistemas, el mantenimiento y recuperación de poblaciones viables de  especies en sus entornos de origen y, en el caso de las  especies domesticadas y cultivadas en los ambientes en  que hayan desarrollado sus propiedades específicas. 

 la segunda hace referencia a la conservación del material genético en laboratorios especializados. La mayoría de la agrobiodiversidad remanente in situ se encuentra en las 

fincas de semi subsistencia de los países más pobres y aun en los “jardines caseros” de las naciones industrializadas (Brookfield, 2001; Brookfield et al., 2002; IPGRI, 

2003).

Está pérdida se asocia directamente con los modelos productivos modernos que introdujeron cultivares mejorados, a su vez los cambios en las formas del campesinado tradicional derivaron en la pérdida de variedades y de  especies. 

La conservación de la agrobiodiversidad es indispensable para los sistemas agroalimentarios y para enfrentar realidades cambiantes que amenazan la seguridad alimentaria como el cambio climático. Los agricultores tradicionales que realizan conservación in situ cumplen un rol fundamental en este sentido ya que utilizan métodos de selección tradicional que han sostenido las sociedades humanas por milenios, además de dejar a disposición de sus comunidades este material. Los agricultores han conservado la agrobiodiversidad mediante la obtención de semillas y propágulos vegetativos y su siembra continua; éste es un proceso dinámico, en el que se selecciona e introduce permanentemente variabilidad mediante el libre intercambio de materiales entre comunidades. Lo precedente ha conducido al desarrollo de las llamadas variedades locales, folclóricas, de agricultor,  estas variedades presentan varias ventajas; la adaptación a ambientes marginales y a estrés, con una conservación vinculada a su utilización y con un proceso evolutivo en marcha, como respuesta a cambios 

ambientales y presiones de patógenos y pestes.

Cómo consumidores podemos apoyar la conservación de las variedades locales a través del apoyo a pequeños productores, que las conservan, y mantienen un alto grado de diversificación en sus fincas,  una dieta diversa y local pueden favorecer el resguardo de estas especies.

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